
13 de noviembre de 2002
VICTORIA DEL PUEBLO CUBANO ANTE LA
ONU
Enviado por:Graciela Ramirez desde
Cuba.
173 VOTOS A FAVOR DE LA RESOLUCION DE
PONER FIN AL BLOQUEO GENOCIDA CONTRA CUBA
3 VOTOS EN CONTRA: ESTADOS UNIDOS, ISRAEL e
ISLAS MARSHALL
4 ABSTENCIONES: NICARAGUA, ETIOPIA,
MALAWI y UZBEKISTAN
Discurso de Ricardo Alarcón de Quesada, Presidente de
la Asamblea Nacional del Poder Popular, en la Asamblea General de la ONU,
noviembre 12 de 2002 -"Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial
y financiero de Estados Unidos contra Cuba"
Señor Presidente:
En 1992 la Asamblea General aprobó su primera resolución
llamando a poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero que Estados
Unidos impone contra Cuba. Desde entonces la ha reiterado cada año con un
respaldo siempre creciente que incluye ya a la casi totalidad de los estados
miembros.
El contraste es obvio. De un lado la opinión virtualmente
unánime de la comunidad internacional que rechaza una política ilegítima,
contraria a los principios y propósitos de la Carta, violatoria de las normas
del Derecho y de las que rigen el comercio entre las naciones y que desconoce
ilegalmente la soberanía y los intereses de los demás países. Del otro, la
terquedad de quien carece de argumentos para intentar justificar lo que el resto
del mundo rechaza.
Estoy seguro que hoy adoptaremos la undécima resolución y
ella posee una especial significación. La tiene porque ese texto cuenta con un
apoyo realmente unánime que incluye a la mayoría del pueblo norteamericano y a
algunas de sus principales instituciones. En el último año se han producido
importantes acontecimientos que lo demuestran. La más amplia representación de
la sociedad civil y reconocidas entidades empresariales se han pronunciado por
la eliminación del bloqueo y la normalización de los vínculos económicos con
Cuba. Especialmente activos en ese sentido son los agricultores, sus
organizaciones y sus principales empresas productoras y exportadoras. Gracias a
sus esfuerzos ha sido posible dar algunos pasos que pudieran conducir a cambios
significativos en la actual política. Por primera vez en cuatro décadas fue
posible a algunos exportadores estadounidenses vender sus productos a Cuba y
concluir las operaciones necesarias pese a los severos obstáculos y las
prácticas discriminatorias que tuvieron que enfrentar. En 11 meses recibimos más
de 50 barcos mercantes que trasladaron 712 mil toneladas de productos agrícolas
norteamericanos. El valor de esas compras, incluyendo su transportación,
ascendió a 140 millones de dólares y podría elevarse a 200 millones con nuevos
suministros recientemente acordados.
Los contratos relativos a estos últimos fueron suscritos en
el marco de la Feria de productos agrícolas norteamericanos efectuada en La
Habana del 26 al 30 del pasado mes de septiembre en la que participaron
centenares de empresas de más de 33 estados que fueron acompañadas por algunas
de sus más altas autoridades corporativas y políticas.
Aquellas ventas y esa Feria mostraron el amplio potencial que
en beneficio de ambos países traería una relación comercial normal y el caudal
de buena voluntad e interés mutuo que anima tanto al pueblo cubano como a los
agricultores norteamericanos. Los avances en esa dirección serían asimismo
beneficiosos para las demás naciones y para la paz y la cooperación
internacional. Corresponden igualmente con las aspiraciones de la comunidad
cubanoamericana en el seno de la cual se expresan diversos grupos favorables a
una relación normal con su patria de origen que levantan sus voces, cada vez más
numerosas, frente a quienes intentan silenciarlos con amenazas y presiones. Su
reclamo se hizo sentir este año en el centro de Miami y en el capitolio de
Washington D.C.
Ese espíritu constructivo ha encontrado eco en las instancias
legislativas de Estados Unidos. Allí se ha constituido un grupo bipartidista que
ha emprendido algunas iniciativas que tratan de cambiar la actual política y
sustituirla por una más congruente con los verdaderos intereses del pueblo de
ese país y con las normas de respeto que deben regir las relaciones entre
estados soberanos. Su tarea, sin embargo, debe encarar todavía la tozuda
oposición de una poderosa minoría.
El año pasado las dos ramas del Congreso norteamericano
aprobaron un proyecto de Ley que habría introducido modificaciones importantes
al bloqueo. Pese al claro respaldo recibido en ambos cuerpos, la dirección de la
Cámara de Representantes violando elementales procedimientos democráticos
desnaturalizó el texto aprobado e impuso una fórmula que contradecía
abiertamente la voluntad de la mayoría.
Este verano la Cámara de Representantes adoptó por amplia
votación algunas propuestas legislativas que facilitarían las exportaciones
estadounidenses y eliminarían la prohibición a sus ciudadanos de viajar a Cuba.
Estas propuestas buscan corregir elementos negativos arbitrariamente impuestos
el año anterior. Aunque no alcanzan a la completa eliminación del bloqueo son
pasos importantes en la dirección correcta que saludamos.
El Presidente Bush, sin embargo, se había anticipado a
anunciar que vetará cualquier proyecto de ley encaminado a modificar la política
vigente. El pasado 20 de mayo, en un discurso claramente injerencista y
agresivo, pronunciado en la ciudad de Miami, expresó: "Estados Unidos
continuará haciendo cumplir las sanciones económicas sobre Cuba".
Esa posición encuentra cada vez menos respaldo. El líder de
la mayoría republicana de la Cámara, quien siempre ha votado contra Cuba y ha
sido elemento clave en las maniobras parlamentarias para mantener el bloqueo,
recientemente reconoció la irracionalidad de esa política y su inminente
derrumbe.
Esas denominadas sanciones se están aplicando también contra
entidades y ciudadanos de los Estados Unidos. La administración Bush no sólo
amenaza con vetar proyectos que cuentan con sólido respaldo en ambas Cámaras y
que responden a reclamos de buena parte de su población sino que lleva a cabo
acciones que contradicen la voluntad expresa de los legisladores y las
aspiraciones legítimas de quienes han inspirado esas iniciativas en el Congreso.
Mientras éstos aprueban medidas que faciliten el comercio, la oficina encargada
de ejecutar el bloqueo actúa en sentido contrario y anuncia nuevos requisitos y
disposiciones que obligaría a cumplir a los exportadores y restringirían sus
ventas; mientras la mayoría del Congreso se pronuncia por la libertad de viajar,
la administración establece limitaciones adicionales, amenaza con castigos a
quienes han ejercido un derecho amparado por la Constitución y ha negado visas a
varios grupos de artistas e intelectuales cubanos causando perjuicios a
importantes actividades culturales o científicas celebradas en este país.
La minoría anticubana, amparada en las relaciones
privilegiadas que tiene con la actual administración, actúa cada vez más
abiertamente contra los verdaderos intereses de la nación norteamericana. Ha
logrado ubicar en altos cargos a individuos sin escrúpulos, calumniadores
de oficio, que repiten cotidianamente mentiras ridículas que nadie cree y
declaraciones provocadoras, irresponsables y falsas con el propósito de
fabricar, mediante el engaño, un conflicto bilateral que les permita realizar su
viejo sueño de apoderarse de las tierras, las viviendas y todo lo que pertenece
al pueblo cubano. Aislada y derrotada políticamente acrecienta su hostilidad
contra Cuba y persiste en sus planes para emplear contra ella la violencia y el
terrorismo.
Cinco jóvenes cubanos fueron castigados injustamente por
actuar contra conocidos grupos terroristas que operan libremente en Miami. Se
les trata con abominable crueldad privándolos incluso, a ellos y a sus
familiares, del derecho de visita. Un nuevo juicio que repare las graves
violaciones cometidas allí al debido proceso ha sido solicitado por sus
defensores con el apoyo de distinguidos juristas norteamericanos. Esa moción
presentada hoy al Tribunal Federal del Sur de la Florida merece el respaldo de
todos pues ella permitiría que se restablezca el derecho en un caso de vital
importancia porque su esencia es, precisamente, la actitud que se tenga, en los
hechos y no sólo en la retórica, frente al terrorismo y sus cómplices.
No abundaré ahora en los daños a nuestra economía ni en los
graves perjuicios causados a la vida y el bienestar de todos los cubanos ni a
las incontables violaciones a las normas internacionales y a los derechos de
terceros que el bloqueo ha provocado durante cuatro décadas y que constan en la
documentación distribuida respecto a este tema. La decisión que adoptará hoy
esta Asamblea hará justicia al pueblo cubano que mucho ha sufrido como
consecuencia de una política injusta, ilegal y contraria a la razón y a la
moral. Mi pueblo ha resistido y lo seguirá haciendo porque nada lo hará
renunciar a la independencia y nunca consentirá que nadie le arrebate sus
derechos nacionales ni destruya la obra de justicia que ha creado con abnegación
y tenacidad.
Con su voto la Asamblea estará defendiendo igualmente a todos
los estados cuya soberanía y legítimos intereses son quebrantados por quienes se
arrogan facultades que nadie les cedió y pretenden, contra todo derecho, dictar
pautas para todo el mundo y hacerlas aplicar más allá de sus fronteras.
Pero la resolución que me honro en presentar y que
seguramente hoy aprobaremos será también un respaldo al noble pueblo
norteamericano y a todos los que en este país se esfuerzan por enmendar una
política que el mundo censura, que es irracional y nada justifica y cuyo fracaso
ha sido registrado ya por la historia.
Muchas gracias