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16 de Abril de 2003
 
SÍ, CUBA

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AL PUEBLO CUBANO Y A LOS AMIGOS DE CUBA
(Claudia Camba - Argentina) Un intensa ola de cuestionamientos hacia los fusilamientos en Cuba ha
comenzado, como amiga de Cuba, pero por sobre todo como defensora de la independencia y autodeterminación de los pueblos es que siento necesidad de fijar mi posición al respecto.
Primero es necesario analizar estos hechos dentro del contexto que estamos viviendo, se ha desatado una guerra a escala mundial, una guerra que tiene también como objetivo a Cuba, y es deber de
todos los que nos llamamos amigos de Cuba  y revolucionarios, estar dispuestos incluso a dar nuestra propia vida  ante una posible agresión a la Isla, los verdaderos amigos son los que no solo están en los momentos buenos, utópicos, de sueños y de estrellas, sino aquellos que están cuando verdaderamente se los necesita. En cambio aquellos que hoy, en tiempos tan duros echan culpas a Cuba del presente
y del pasado,  no fueron nunca amigos, solamente usaron a Cuba, porque ésta los llenó de esperanza, porque es fácil depositar las esperanzas en un pueblo y un gobierno, lo difícil es sostener esa esperanza siendo protagonista, no meramente un espectador pasivo que está cuando le conviene y cuando no se aleja. Para mantener los logros de esa revolución el pueblo Cubano no fue un mero espectador.
Hermanos:  para sostener esa revolución, el pueblo cubano  ha puesto miles y miles de muertos.
Si la justicia Cubana ha tomado esa extrema decisión basada enteramente en las leyes que rigen en la Isla, porque atención, que no se ha desaparecido a nadie, ni se ha ocultado información alguna, todo se hizo publico. Si la Justicia Cubana ha tomado esta decisión es porque la gravedad de los hechos
ameritaban estas condenas, nadie esta alegre con matar a nadie, y mucho menos lo esta el estado cubano, que nos ha demostrado con creces su humanismo y sensibilidad, pero el estado cubano tiene el deber de preservar la vida de sus once millones de hijos, tiene el deber de velar por la seguridad de su patria, de no hacerlo estaría faltando a su responsabilidad.
En Cuba desaparecerá la pena de muerte, así como las cárceles, a eso aspira esa revolución y lo ha demostrado ampliamente con los nuevos planes de trabajadores sociales,  pero esto sucederá cuando puedan vivir en paz, cuando cese la guerra que por 44 años ha resistido heroicamente el pueblo cubano.
Cuestionar las decisiones que toma un estado soberano, sin conocer el fondo de la cuestión, sin comprender el peligro que se avecina, sin entender la magnitud que implica tener 4 secuestros aéreos y navales en tan solo un mes, secuestros que están siendo estimulados y planificados desde Estados Unidos, dentro de un plan armado para invadirlos, es sumamente peligroso, es pedirle a Cuba que se desarme en plena guerra. Es pedirle a Cuba que no se defienda, comprendo que con tantos muertos  que hemos visto en estos tiempos, ya nadie quiere ver una sola gota de sangre mas, pero el enemigo
que tenemos por delante no es Jesucristo, es Hitler y como tal no parará esta guerra solo por escuchar nuestras palabras, seguiremos haciendo marchas, boicoteando la compra de sus productos, exigiendo el cese de las invasión, claro que sí!!! todo eso es valido e imprescindible, pero les pregunto a todos: Cuando vengan por nuestros países ¿que haremos?, ¿saldremos a defender nuestras patrias con
carteles de alto a la guerra?, ¿o las defenderemos a capa y espada?.Yo no soy guerrerista pero la situación actual me lleva a cuestionarme el futuro del mundo. Estamos viviendo una guerra unilateral, no fuimos nosotros quienes la provocamos, pero solo nosotros podremos detenerla. Duele profundamente la perdida de vidas, pero lamentablemente morirán millones de seres humanos más,  veremos en el mundo entero niños mutilados por las bombas si no se le pone un limite al imperio y a su emperador.
Cuba se  plantó ante el imperio hace muchos años, y por eso es objetivo de guerra, imaginan ustedes a los pioneros que con amor y felicidad agitan las banderas en las tribunas de ideas, mutilados por las bombas? ¿Imaginan la escuela latinoamericana de ciencias medicas de La Habana, donde se forman como médicos  jóvenes humildes del tercer mundo, bombardeada por mísiles? ¿En que trinchera nos ubicamos?
Todos los que piden por el fin de estas condenas deberían combatir hoy más que nunca al lado del pueblo cubano, para que cuando finalmente obtengamos la victoria, ya no haga falta poner más
muertos, ni de un lado ni del otro.
Muchas cosas he leído, que si Cuba nos traicionó, que si Cuba esta en ese camino yo sigo por el mío, cuanta soberbia, cuanto individualismo, que falta de solidaridad, que omnipotencia, que egocentrismo, HERMANOS CUBA VA CON O SIN NOSOTROS, Cuba  debe respeto antes que a nadie a sus once millones de hijos, hijos que han puesto ya miles de muertos durante estos 44 años de revolución, hijos que están dispuestos a dar la vida por defender a su patria.
Llamar disidencia a los asesinos es cuanto menos simplista y acomodaticio, ¿acaso no saben que los llamados "disidentes", son mercenarios a sueldo del imperio?, son agentes que trabajan para provocar un conflicto que "justifique" una invasión a Cuba, un genocidio como el que sufre hoy el pueblo de Irak.
Acaso no saben que los llamados disidentes trabajan para los comandos armados que se entrenan en la Florida preparados para cuando ellos crean sea el "optimo momento de invadir a Cuba", para
los terroristas que volaron un avión de Cubana de Aviación en Barbados, para los que introdujeron el dengue hemorrágico que costó la vida a cientos de niños, para los que bombardearon hoteles, sedes diplomáticas, secuestraron naves, regaron a la isla de plagas que destruyeron su agricultura y ganadería, ¿acaso se los puede llamar "disidentes"? . Por favor esta gente es cómplice de asesinatos, es cómplice de que  se mueran niños en los brazos de los médicos porque con el bloqueo tal o cual droga no puede entrar en Cuba, es cómplice de que se invadan países, y es cómplice de la guerra
global, porque son gentes que avalan a Bush y su política genocida, son gentes que marcharon en Miami  con consignas como: "Irak now, Cuba next".
Sin duda ninguno de nosotros quiere mas muertos, pero estamos en guerra y no fuimos nosotros quienes la provocamos, es una guerra unilateral, emprendida por un nuevo Hilter, las opciones  que
nos quedan son dos: Nos entregamos o combatimos.
Yo fijo mi postura, combatiré hasta el final, porque esto hará que salvemos millones de vidas, no solo de cubanos sino de ciudadanos del mundo. Por el momento combato con la palabra, con las ideas, pero si estas no bastaran para parar esta guerra, pues defenderé a esa Isla con mi vida si fuera necesaria.
 
REBELIÓN
(Heinz Dieterich Steffan- México) El fusilamiento de Lorenzo Copello Castillo, Bárbaro Sevilla García y Jorge Luis Martínez Isaad, "los tres principales, más activos y brutales jefes de los secuestradores" de una lancha cubana, el viernes 11 de abril, 2003, ha desplazado momentáneamente la agresión estadounidense en Irak de las primeras planas periodísticas latinoamericanas y desatado una
intensa discusión entre amigos y enemigos de la revolución.
Las ejecuciones plantean tres dimensiones diferentes de discusión: la ética, la legal y la pragmática. La primera se refiere a la legitimidad o justificabilidad de la pena de muerte. Yo personalmente, es decir, como científico materialista y humanista, estoy en contra de la pena capital, en cualquier circunstancia y por cualquier entidad, sea en tiempos de guerra o de paz; sea por un Estado laico, un ente teocrático, un sujeto social o un individuo.
Esta posición se basa en tres argumentos. En el aspecto moral considero que ningún ente en el mundo tiene la autoridad para quitarle la vida a otra persona aunque haya cometido crímenes graves.
El legítimo derecho de la comunidad de protegerse del abuso del poder, no confiere, a mi juicio, la facultad de matar a otros seres humanos.
El segundo argumento es de realpolitik. Ninguna investigación criminológica ha podido demostrar que la pena de muerte evite determinados tipos de crímenes violentos o que reduzca la tasa de criminalidad. No hay evidencia científica para sostener la tesis de que la pena de muerte impide determinados crímenes.
No hay correlación estadística positiva entre ambos fenómenos.
Las razones que explican esa falta de correlación son obvias. Muchos crímenes violentos son crímenes emotivos, que no se realizan sobre un frío cálculo de costo-beneficio del delito. Y aquellos crímenes violentos, que son planificados racionalmente, parten del supuesto de los delincuentes de que escaparán a la justicia. Este supuesto, que es la base de todos los crímenes "racionales", anula el efecto disuasivo de la pena de muerte.
El tercer argumento consiste en que toda justicia humana es falible y que, por lo tanto, aún las mejores intenciones y procedimientos de justicia no pueden excluir la ejecución de inocentes. La irreversibilidad de la pena capital hace imposible la corrección de esos errores, tal como vemos actualmente en la
liberación de muchos condenados, por los nuevos métodos de análisis de ADN.
La decisión ética sobre la pena capital, la tiene que tomar cada persona por si misma, porque uno es sólo responsable de sus propios actos. Hay, por supuesto, perfiles nacionales muy diferentes
sobre este problema, según las idiosincrasias culturales de cada lugar. Mis discusiones con mis amigos cubanos me han enseñado que muchos ciudadanos de este país consideran la pena de muerte legítima.
La dimensión legal de las ejecuciones es más fácil de discutir que la moral, porque se reduce a la pregunta de que si el procedimiento del juicio sumario utilizado en este caso, está amparado en
la legislación del país. Se complica, sin embargo, cuando se introduce la relación entre el derecho nacional y el internacional en el debate, dado que lleva directamente a la discusión de la soberanía nacional frente al Estado global, en tiempos de la intervención militar de Estados Unidos en
Irak.
La tercera dimensión del problema es la pragmática, es decir, la interrogante acerca de que si los tres fusilamientos le benefician o perjudican a la revolución cubana. Y en esta discusión hay que tomar en cuenta tres aspectos metodológicos que son fundamentales para la calidad del juicio al que tal discusión
conduce.
El primer aspecto metodológico se refiere al status lógico de todo juicio, acerca de lo conveniente o inconveniente del procedimiento usado por las autoridades cubanas. Todo enunciado que afirma
la conveniencia de las ejecuciones para la causa cubana, al igual que todo enunciado que sostiene
que son contraproductivas, es hipotético, porque se refiere a un escenario empírico del futuro. En este sentido, ninguno de los dos tiene, a priori, la razón.
Sólo en el futuro se verá lo acertado o lo equivocado de la medida.
El segundo aspecto metodológico atañe a la base de información que tienen las autoridades cubanas sobre esos secuestros, cual parte de una conspiración estadounidense para preparar condiciones de
intervención militar en la isla. El lector común no dispone de esta información. Y recordamos, que la calidad de un diagnóstico depende tanto de los procedimientos y de la capacidad de análisis del sujeto investigador, como de la cantidad y calidad de los datos disponibles. La gravedad de la conspiración y sus tiempos de implementación no son de nuestro dominio de conocimiento, pero probablemente sí del de las autoridades cubanas.
El tercer factor metodológico se refiere a la calidad del analista. Y, en este aspecto, no hay duda. Fidel Castro es uno de los mejores analistas estratégicos del mundo, con una gran inteligencia, una enorme capacidad de síntesis de lo esencial, una amplia cultura general, una aguda comprensión del vector
tiempo, una extraordinaria experiencia de vida, una asombrosa capacidad para hacer alianzas y una voluminosa base de datos.
Todos estos factores garantizan que la decisión de las ejecuciones, que es una decisión de rupturas, no de alianzas, fue tomada en pleno conocimiento del costo político que iba a tener en la opinión pública mundial.
Entre otros: a) la condena de Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (ONU); b) una violenta campaña propagandística del imperialismo estadounidense para distraer de
sus crímenes en Irak, secundada por el imperialismo europeo y sus gobiernos lacayos latinoamericanos; y, c) un bonus propagandístico para Washington, en su preparación psicológica de una intervención militar en Cuba.
Este costo político de los fusilamientos para el gobierno cubano es muy alto. La pregunta es, ¿ por qué Fidel estuvo dispuesto a pagarlo? La respuesta sumaria es clara: el no haberlo hecho, hubiera significado un costo político mayor. ¿Y cual hubiera sido? Enfrentarse en condiciones más desfavorables aún para Cuba, a la conspiración del imperio.
En el momento del secuestro, el microdrama del crimen ya estaba indisolublemente vinculado a los preparativos propagandísticos de la agresión militar estadounidense contra Cuba. De hecho, no importa si los secuestradores tenían conciencia del papel que estaban jugando en la política mundial o si
involuntariamente habían entrado en una trama mayor fuera de su control y competencia, al modo de la tragedia griega; objetivamente se habían convertido en lo que los militares estadounidenses llaman, una "base avanzada de operaciones" de los preparativos bélicos de Washington contra Cuba.
Las declaraciones de altos funcionarios estadounidenses, incluyendo a su embajador en la República Dominicana y el hermano del presidente, el gobernador de La Florida, Jeb Bush, en el sentido de que después del "éxito" en Irak, Washington debe acabar con el "régimen cubano"; la reducción drástica de
las visas para cubanos que quieren emigrar y la política provocadora del jefe de la Sección de Intereses de Washington en La Habana, James Cason, habían llevado a la conclusión en La Habana que Washington había iniciado la construcción de la logística para la intervención bélica.
En una palabra, que la agresión había comenzado ya.
El fusilamiento de los secuestradores, al igual que la anterior detención y las drásticas condenas contra la quinta columna de "periodistas independientes" en Cuba, tenían, por lo tanto, un claro fin: arrebatarle al enemigo la iniciativa estratégica y pelear la guerra en los términos de Cuba, no los del agresor.
Si la invasión a Irak era un claro "mensaje para Cuba", como dice Washington, Fidel le envió un mensaje no menos claro a los neofascistas en la Casa Blanca y en La Florida: Ustedes han declarado
la guerra y los primeros de sus soldados han caído. Si siguen la guerra de agresión, sus tropas de intervención pagarán un alto precio en vidas humanas. Párenla, antes de que sea demasiado tarde.
Si esta estrategia puede detener los planes de los neofascistas, no se sabe.
Pero, en toda guerra, tanto la social como la convencional, los contendientes procuran que los muertos los ponga el otro lado. Porque, esta es la apocalíptica esencia de la victoria en una guerra.
Ojalá, que el establishment estadounidense entienda que en Cuba se enfrenta a uno de los mayores estrategas militares de la historia y no a un inepto burócrata con ínfulas de estratega militar, como en Irak.
Ojalá, que sepan descifrar el trágico mensaje de los fusilamientos, para que no haya más derramamiento de sangre.
 
LA GUERRA INFINITA DE FIDEL
(Emir Sader - Brasil).  El gobierno cubano demostró, por la forma de reaccionar a las provocaciones del encargado de negocios de los Estados Unidos en la Isla, que hizo una lectura detenida de la
nueva doctrina norteamericana de seguridad, de su aplicación en el caso de Irak y que reaccionó directamente en función de esas condiciones al sancionar de forma tan rápida y severa a los disidentes internos.  Al actuar de esa manera, Fidel Castro está enviando de vuelta un mensaje a Washington: si quisieran actuar contra Cuba como lo hicieron contra Irak y amenazan hacerlo contra Siria, no
encontrarán dentro del país algo similar al papel desempeñado por los kurdos o por la Alianza del Norte en la invasión de Afganistán y que tendrán que enfrentar algo mucho más parecido a lo de Vietnam que de los países del Medio Oriente.  Menos desplantes -como los de Saddam- y más acción, sería la respuesta cubana a las nuevas condiciones internacionales después de la guerra de Irak.
Hace pocos años atrás, el gobierno cubano también reaccionó de manera rápida y violenta a la tentativa de una avioneta de aterrizar en Cuba y lanzar panfletos con tesis opositoras.  Antes ya había igualmente enviado el mensaje de que los que quisieran intentar desestabilizar el gobierno cubano no se quedarían en las cárceles como referencia para la campaña internacional contra Cuba, ni podrían nutrir la ilusión de que el régimen pudiese caer -al estilo de aquellos de Europa Oriental- y esos personajes pudiesen salir de la prisión para protagonizar la política posrevolucionaria.
Desde que se configuró la crisis de la URSS y que Cuba se dio cuenta que no iba a poder contar con la protección soviética, frente a la mayor potencia bélica de la historia de la humanidad situada a 90 millas de sus costas, asumió la actitud que da continuidad ahora, en el caso del proceso de militares acusados de complacencia con el narcotráfico, que llevó a la ejecución, entre otros de Arnaldo Ochoa.  La
postura de Saramago da la impresión que fuese algo nuevo en el comportamiento del gobierno cubano. Se puede perfectamente discutir y condenar, pero no considerar que sea un elemento nuevo, que justifique un cambio de actitud en relación a Cuba, porque en ese aspecto el gobierno cubano siempre fue coherente con su actitud.
Fidel asume la contrapartida cubana de la guerra infinita.
Saben que está en los guiones del gobierno norteamericano, que son, junto a los vietnamitas, los únicos que consiguieron imponer derrotas a los Estados Unidos y que siguen siendo una espina en la garganta de Washington.  Al final, ya pasaron 10 presidentes en los Estados Unidos, así como tantos anuncios del fin del régimen cubano, que ellos saben que falta alguien en el eje del mal de Bush y por eso
se previenen de la forma que les parece mejor.
 

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