
22 DE JULIO
DE 2002
LA NECESARIA REFORMA CONSTITUCIONAL
La
necesaria reforma constitucional que incluya la reforma política debe ser previa
a la convocatoria de elecciones. El estado actual de crisis total y profunda de
la sociedad argentina, así como lo anacrónico de su sistema político requiere
refundar la Nación.
La crisis integral de la sociedad argentina eclosionó, tras la
declaración del “estado de sitio”, en las jornadas del 19 y 20 de diciembre. El
protagonista de esa gesta sin parangón en la historia de los últimos años fue un
pueblo decidido que salió a la calle, enfrentó a la represión, logró la renuncia
del presidente y generó un fenómeno inédito: las asambleas
barriales.
El debate asambleario, emparentado con
el que caracterizó las crecientes luchas del movimiento piquetero, no sólo
repudió la política económica en su integridad, sino que cuestionó la gestión de
la dirigencia y reclamó instancias de democracia directa superadoras de
representaciones en las que ya no cree apelando a una frase sintetizadora: “que
se vayan todos”.
Ese “todos” apunta a un enemigo diverso,
multiforme (políticos, bancos, grandes empresas, medios de comunicación
monopólicos, jueces corruptos), que sólo puede ser designado apelando a un
término genérico e impreciso, pero que insinúa que esos “todos” son los “ellos”
distintos a “nosotros”, un concepto que tiende a abarcar a los explotados y
empobrecidos.
Pero por su profundidad y duración la
crisis que padece el país obedece a causas más profundas que la ineptitud
intelectual y la pobreza moral de la mayoría de sus políticos. No se trata pues
de reducir el número de representantes sino de terminar con el “profesionalismo”
que convierte a la actividad pública en una fuente de recursos y con el
reclutamiento de los dirigentes entre los empresarios, los tecnócratas y los
abogados del establishment.
Para llevar adelante los cambios que la
sociedad exige es preciso comenzar por la reforma de la Constitución Nacional,
previo a la elección de autoridades, que sin reforma política serían variaciones
de lo mismo. La convención constituyente debe ser convocada, sin limitaciones en
cuanto a sus alcances en un plazo prudencial, para permitir un amplio debate y
difusión de proyectos.
Nuestro planteo reivindica la potestad
de los constituyentes de reformar la ley suprema en su totalidad o en cualquiera
de sus partes, sin acotar su funcionamiento a determinados artículos o temas,
sin pactos previos, ni condicionamientos políticos. Se trata de refundar la
Nación.
La reforma constitucional debe basarse esencialmente en desarrollar el
principio de poder popular, por lo que la estructura orgánica de este poder debe
comenzar por prestar esencial atención a lo que consideramos la célula de la
sociedad: la comuna. Para ello deben ampliarse las facultades que éstas tienen e
incorporárseles otras en materias de salud, educación, obra pública, asistencia
social, medio ambiente, etc. y muy especialmente asegurarle por vía
constitucional expresamente establecido los recursos financieros
necesarios.
El término ‘comuna’ está aludiendo al
gobierno local, pero con un alcance político que supere al tradicionalmente
considerado ‘municipal’.
Debe aumentarse el número de comunas dividiendo los
actuales departamentos o partidos provinciales según población y extensión, de
manera de asegurar una mayor participación ciudadana. Hay que desburocratizar y
restar poder a los organismos centrales y asignarles más poder a las
comunas.
Para elegir a los constituyentes, además de los partidos actuales, deben
intervenir los nuevos que puedan crearse dando amplias facilidades para ellos y
que surjan del estado de movilización actual de la sociedad. El sistema
electoral debe ser el proporcional directo y sin pisos. Se trata de avanzar
hacia una democracia más amplia y plural.
Es imperioso avanzar hacia sistemas de gobierno nacionales y provinciales
de tipo parlamentario, con un presidente que inviste la representación de la
nación pero que gestiona a través de un gabinete dirigido por un Primer
Ministro, elegidos todos ellos de entre sus miembros por la Cámara de Diputados
o de Representantes y sometidos a su permanente contralor, incluyéndose entre
sus facultades la de destituirlos en caso de mal desempeño de sus
funciones.
La Cámara de Representantes o Diputados será el único organismo
legislativo del Estado Nacional, elegido por cada provincia en número
proporcional a sus habitantes, por el sistema de partidos políticos y elección
proporcional directa sin pisos.
Se debe suprimir la Cámara de Senadores de la Nación puesto que el
mecanismo del doble tratamiento de los proyectos de ley por cuerpos de diferente
composición numérica resulta hoy anacrónica, casi feudal, propia de la Argentina
del siglo XIX.
Nuestra propuesta incluye la creación de un organismo especial que se
denominaría Consejo Federal (verdadero cuerpo de representación de los intereses
de las provincias) que se fijaría como primer objetivo la asignación de los
recursos fiscales de manera tal que se respeten los principios de equidad y
prioridades a través de debates transparentes. Sus integrantes serían designados
por las legislaturas provinciales (también cámaras únicas) sobre la base de
candidatos propuestos por los gobiernos respectivos y su número no debería
exceder el de dos representantes por provincia.
La reforma incluirá en forma más precisa y regular una serie de
mecanismos de democracia semidirecta que permitan mejorar y reforzar el papel de
la iniciativa popular, la consulta popular y el referéndum, dándoles carácter
vinculante y ampliando los temas en los que se
aplican.
Una nueva constitución debe reconocer como forma prioritaria de la
organización económica del país la propiedad pública, las empresas que producen
bienes industriales estratégicos, las que explotan recursos naturales y las
empresas que brindan servicios públicos. Es importante, además, que incluya a la
propiedad cooperativa como una de las formas de economía social otorgándole un
tratamiento similar al que reciban las empresas de propiedad
pública.
Ambos tipos de propiedad deben ser gestionados por un sistema de
administración tripartito donde estén representados los trabajadores de la
empresa, los consumidores directos y la fiscalización del Estado. No podrán
repartir excedentes y la acumulación será reglamentada por ley para destinarla a
la permanente modernización de las empresas, creación de nuevos puestos de
trabajo y a cubrir las necesidades fiscales.
En el sector de la propiedad privada se diferenciará a las pequeñas y
medianas empresas de las grandes. El régimen tributario reforzará la imposición
sobre las mayores ganancias.
Mediante mecanismos que serán establecidos por las leyes, se protegerá la
producción nacional de la competencia extranjera, pudiendo llegar a prohibirse
el ingreso de productos cuyo abastecimiento en calidad y precio, está asegurado
por las empresas locales.
La reforma económica establecerá claramente el derecho de los
trabajadores a una creciente participación en el ingreso económico, la reducción
de la jornada laboral en virtud de los avances tecnológicos que beneficien a la
productividad, la igualdad de remuneración entre hombres y mujeres que realicen
el mismo trabajo y la prohibición del trabajo de los menores de
edad.
Los trabajadores tendrán facultades para oponerse a las decisiones
empresariales que los perjudiquen, así como a efectuar propuestas sobre la
organización del proceso productivo y la división interna del trabajo, el modo
de incorporación de la nueva tecnología,
etcétera.
El sistema previsional exigirá una total revisión, sobre la base de que
la propiedad y gestión de las empresas previsionales estará a cargo de los
trabajadores activos y pasivos.
El debate constitucional deberá abordar también la nueva temática
vinculada a derechos humanos, ecología, protección del medio ambiente, derechos
de la mujer, salud reproductiva, libre opción sexual, esparcimiento y
recreación.
Preservar la paz y la armonía entre las naciones debe ser un objetivo
destacado, debiéndose subrayar el absoluto respeto a la libre determinación de
los pueblos.
Creemos que, dado el desarrollo de organizaciones populares y los
fenómenos nuevos como el movimiento piquetero y las asambleas, debería
plantearse un proceso “pre-constituyente”, que incluya deliberaciones
públicas.
Lo ideal sería conformar una Asamblea Constituyente en la que los
convencionales llegaran con “cuadernos de reclamos” de sus mandantes, que a su
vez hayan surgido de una discusión previa lo más amplia
posible.
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