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6 de Setiembre de 2002
OSCURAS INTENSIONES
DOS OPINIONES
LA
PATAGONIA EN LA MIRA
El
imperialismo quiere desmembrar a la Argentina. El plan contempla otros países de
la región. Los recursos esenciales son los objetivos
El
imperialismo maneja tanto la política de integración como la de desintegración,
de acuerdo con las circunstancias y con sus intereses en cada caso y momento. La
‘integración’ con el espíritu monroísta de siempre, que hoy se traduce en el
intento de aplicar el Alca, como una forma de anexionismo de todos los países de
su ‘patio trasero’. Pero también los estrategas del norte alientan, donde
pueden, la ‘desintegración’ de aquellas regiones que son de su apetencia y sobre
las cuales necesitan ejercer su dominación futura en sus planes de gran imperio.
En un trabajo de los venezolanos Luis Britto García y Fermín Toro Jiménez se
denuncia esta política de secesión, impulsada en Brasil -en el sur, en Río
Grande, y también en el norte-; en la ciudad costera de Guayaquil, en Ecuador;
en el Zulia, la provincia petrolera más rica de Venezuela, así como en la
Guayana. También en el norte de México, sin descartar Chiapas, en la dirección
de alentar intenciones separatistas como las que se dieron entre los misquitos y
los angloparlantes de Bluefield en el proceso de la revolución nicaragüense.
Estos serían los casos que los autores mencionados llaman de ‘secesión dura’.
También están los denominados de ‘secesión blanda’, que son los que tienen que
ver con proyectos de federativismos o descentralizaciones extremas: "Su objetivo
consiste en fragmentar el poder entre las oligarquías locales para impedir a los
estados nacionales coordinar cualquier política administrativa, estratégica,
económica, social o cultural".
En el
documento Santa Fe 4 de los yanquis figura, entre los elementos geoestratégicos
que consideran importantes para su seguridad nacional, "una ruta sureña segura
alrededor del Cabo de Hornos". No otra cosa que responder a esta necesidad de
‘ellos’ es el plan de instalación de una base de los Estados Unidos en Tierra
del Fuego. En realidad, toda la Patagonia está bajo sus ansias de apetencias. En
un artículo publicado el 27 de agosto en el diario norteamericano The New York
Times, firmado por Larry Rohter -seguramente uno de esos periodistas que
escriben por ‘encargo’-, se informa sobre un "creciente movimiento en Neuquén
para separarse del resto del país". Neuquén sería "el centro de un agitado y
creciente movimiento para separar a esta región del extremo sur de Sudamérica,
rica en petróleo y minerales, del desastre económico que es el resto de la
Argentina". Más adelante el escriba de dudoso patrón agrega: "El antiguo
resentimiento hacia Buenos Aires se ha intensificado y la autonomía política, la
integración regional y hasta la secesión son hoy discutidas abiertamente como
posibles soluciones. Una Patagonia independiente sería una nación escasamente
poblada, pero próspera". Y remata mostrando la hilacha: "La región cuenta con
casi la mitad del territorio nacional, la mayor parte de sus fuentes de agua
dulce y de energía hidráulica y el ochenta por ciento de su petróleo y
gas".
Según la
Cumbre de la Tierra, desarrollada recientemente en Sudáfrica, el agua potable es
apenas el 2,5 por ciento del total del agua que hay sobre el planeta, y menos
del uno por ciento es accesible para el hombre. En la Patagonia existen grandes
recursos de agua dulce. Por otro lado, Estados Unidos es petróleo-dependiente y
requiere urgentemente controlar este vital suministro, habida cuenta de su
conflictiva relación con la Venezuela de Chávez (le vende el treinta por ciento
del petróleo que consume el país del norte) y del escenario caótico que puede
darse en el medio Oriente si se concreta la anunciada invasión a
Irak.
En este
marco es que hay que ubicar toda una maniobra del imperio para controlar más
recursos esenciales. En una Argentina con futuro político impredecible, del cual
recelan cada vez más el FMI y los Estados Unidos, no son casuales ni inofensivos
tanto el artículo de marras, como la intención de unificación de provincias que
hace poco declamaran los gobernadores de Río Negro y
Neuquén.
Debemos resistir tanto la secesión que se está gestando, como la integración mentirosa que se nos propone con el Alca. La verdadera integración a construir es la de la Patria Grande: la Federación de Repúblicas Socialistas de nuestra América.
Fuente:
Nuestra Propuesta
¿Alguien quiere separarse de
Argentina? Un reportaje de Larry Rohter, corresponsal del New York Times en
Buenos Aires, en el que afirma que existen serias pretensiones secesionistas en
la Patagonia provocó airadas reacciones de políticos y catedráticos argentinos,
quienes negaron esa versión y advirtieron que la nota entrañaba oscuras
intenciones de Washington. La Patagonia, una región de casi 790 mil kilómetros
cuadrados (similar en extensión a Turquía) ubicada en el extremo austral del
continente, está integrada por las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut,
Santa Cruz y Tierra de Fuego y es vital para el país, pues abarca poco menos de
la mitad del territorio argentino, gran parte de sus reservas de agua potable,
una importante infraestructura hidroeléctrica y el 80 por ciento del petróleo y
el gas natural.
En el reportaje, titulado "Algunos en Argentina ven la
secesión como una respuesta a la crisis económica", Rohter afirma que con la
profundización de la esta situación, se ha incrementado el interés de los
patagónicos de separarse de la República. Advierte que "la autonomía política,
la integración regional y hasta la secesión son abiertamente discutidas como
posibles soluciones". Sostiene que la independencia haría de la Patagonia "un
país escasamente poblado (menos del 5 por ciento de los 37 millones de
argentinos viven allí) pero muy próspero". Señala que tradicionalmente, el
resentimiento hacia el gobierno federal es especialmente fuerte en esa región,
"que se ve a sí misma como una hijastra descuidada por el resto del país". Hasta
los años cincuenta, fue administrado como un territorio federal; sus residentes
no podían elegir a sus propios gobernadores y legisladores
El reportero
estima que "mucho del deseo de un cambio en las relaciones con el resto de
Argentina ha sido provocado por la reciente propuesta del gobierno de Eduardo
Duhalde de fusionar las dos provincias ubicadas más al norte de la Patagonia,
Neuquén y Río Negro". Y ejemplifica: "Como una señal del severo colapso
económico del país, la localidad de Carmen de Patagones, el condado más sureño
de la quebrada provincia de Buenos Aires, está buscando terminar esa afiliación
para unirse a la nueva provincia". Según la propuesta gubernamental, la unión de
dos o más provincias, que estaría sujeta a un plebiscito, es una medida para
reducir la burocracia y el gasto. Pero, Rother subraya, "como la revista
Parlamentaria advirtió recientemente: 'Hay también sectores que advierten sobre
la posibilidad de que ciertas provincias se estén agrupando como un primer paso
hacia una posible independencia de Argentina'".
Rother da algunos ejemplos de
la supuesta intención secesionista en la región. Así, cita al director del
programa de estudios regionales de la Universidad de Comahue, Gerardo Mario de
Jong: "Lo que está ganando espacio es una búsqueda de soluciones. La gente se
está cuestionando el concepto de un único centro de poder nacional al que muchos
de nosotros culpamos por nuestros problemas". En el artículo se destaca que en
una encuesta elaborada en mayo pasado, el 53 por ciento de la gente dijo que
quería una Patagonia independiente; el sentimiento por la separación fue más
fuerte entre la gente joven, el grupo con el mayor nivel de desempleo, de los
cuales 78 por ciento dijeron que apoyarían una secesión. Elfo Kruteler, un
profesor de francés y artista, habría explicado al periodista los motivos en los
que se apoya una presunta iniciativa independentista: "Si comparamos el área
norte del Río Colorado con el área hacia el sur, veremos que ya tenemos dos
países separados. Se llevan todo de aquí, nuestro petróleo y gas, madera y
minerales, y no nos dan nada a cambio excepto problemas". Señala que como en el
resto de la Argentina, la mayoría de los residentes de la Patagonia son de
ascendencia española o italiana.
Pero en esta región, hay un mayor porcentaje
de europeos de otros orígenes, yugoslavos, galeses, alemanes y franceses. Jorge
Sobisch, el gobernador de Neuquén, tiene ascendencia croata. Y explica: "No es
claro si esto es un factor importante, pero los habitantes de la Patagonia se
consideran a sí mismos diferentes de los demás argentinos por la topografía de
la región, su lejanía y por el hecho de que la mayor parte de la inmigración
comenzó a principios del siglo pasado". Pero el diario Río Negro se abocó a
verificar la información del reportaje del New York Times y encontró testimonios
que contradecían al corresponsal estadounidense, además de que en las provincias
australes parece no haber indicios de algún movimiento separatista. El
gobernador Sobisch aseguró que la independencia de la Patagonia del resto del
país "no existe en mi cabeza, ni en la de ningún argentino. De hecho, la
secesión está en las antípodas de la integración". Si bien consideró que es
necesario negociar una nueva relación entre la provincia y el gobierno central,
"nadie está hablando de eso (la secesión)".
En el Congreso, diputados y
senadores de la región negaron categóricamente que semejantes intenciones
estuvieran en los planes de los gobiernos y los ciudadanos patagónicos.
Por
su parte, el profesor De Jong desmintió las declaraciones suyas que publicó el
diario estadounidense y atribuyó ese artículo a "una intencionalidad del
Departamento de Estado para quedarse con las riquezas naturales de la región".
Explicó que "lo que yo le dije al periodista estadounidense es que los
localismos no deben ser interpretados como una tendencia, si él insistía en
presentarla como me dijo a mí e hizo, es algo que obedece a alguna
intencionalidad que habría que analizar de dónde viene". El catedrático agregó
que le parecía, "al menos, sospechoso el artículo de Rother, pues yo no dije lo
que escribió, lo que si dije es que hay dos provincias que están proyectando
fusionarse y que hay un federalismo en el país que viene desde nuestros propios
orígenes".
De Jong se quejó porque "se utilizaron sus declaraciones para
forzar esa idea". Por lo pronto, apuntó, lo cierto es que "existen denuncias
justamente sobre esta intencionalidad del Departamento de Estado con respecto a
favorecer las integraciones regionales a los efectos de un mejor manejo del
mundo, que de alguna manera contribuye al desarrollo de los países".
El
diario estadounidense no ha hecho ninguna aclaración respecto a los desmentidos
de De Jong y de los funcionarios patagónicos.
Pero la acusación sobre las
intenciones de Estados Unidos sobre la Patagonia no es nueva. De hecho,
analistas señalan que los rumores sobre secesión, los proyecto de unir dos o más
provincias en una sola y la compra de grandes extensiones de tierra en Argentina
y Chile por magnates estadounidenses están relacionados con un plan impulsado
por el Departamento de Estado para desestabilizar la región, aprovechando el
caos en Argentina.
El tema de la adquisición de terrenos en los países del
sur del continente por parte de magnates estadounidenses es algo que preocupa a
las autoridades de los gobiernos de la región, pues esta tendencia ha sido
especialmente intensa en los últimos años. En 1998, el multimillonario Douglas
Tompkins compró unas 330 mil hectáreas de la provincia de Palena, ubicada en la
décima región de la Patagonia chilena, y 146 mil 925 hectáreas en Santa Cruz,
Argentina. Y hay más: la compañía de ropa Benetton, dueña de más de dos millones
de acres de estancias con ovejas en la Patagonia es el mayor terrateniente de la
región, y otros extranjeros como el multimillonario Ted Turner, han comprado
extensos ranchos y complejos de deportes invernales. En respuesta a esa fiebre
mercantil, varios legisladores argentinos presentaron el año pasado una
propuesta de ley para detener la venta de tierras privadas y fiscales a
extranjeros, por considerar que esas operaciones atentan contra la soberanía
nacional.
Los parlamentarios acudieron al doctor Juan Enríquez, del Centro
David Rockefeller para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard,
para fundamentar su iniciativa. Enriquez, de origen mexicano, les presentó un
informe al respecto y aseguró que, "en el futuro, la fragmentación territorial
cumplirá una función destacada para el reordenamiento global, en cuyo marco es
posible que surjan nuevos países en América Latina: en Chile, Argentina y Brasil
específicamente".
El especialista en temas geopolíticos explicó que existen
"afinidades preocupantes" entre la adquisición de tierras en Chile y Argentina
con otras operaciones en el continente que fragmentaron a varios países, por
ejemplo, "las tierras de Tompkins están bajo régimen de las leyes de Impuesto y
Renta de los Estados Unidos, y no bajo la legislación chilena y
argentina"
Así, explica el académico, "las concesiones madereras otorgadas
por Guatemala al Reino Unido en las costas del Mar Caribe condujeron a la
independencia de la Honduras Británica en 1981, un proceso que acabó
convirtiendo este territorio guatemalteco en la nación independiente de Belice.
Definitivamente la fragmentación encargada a la iniciativa privada, como en el
caso de Belice, se ajusta perfectamente al proceso que vive hoy la Patagonia. De
hecho, no es un secreto que Tompkins tiene fuertes vínculos con el Departamento
de Estado tal como los tuvieron en su momento los magnates de la industria
maderera (con el Reino Unido)".
Para Domingo Schiavoni, ex diputado
provincial del Partido Justicialista (PJ), las negociaciones entre los gobiernos
de Río Negro y Neuquén, por una parte, y de Salta, Jujuy y Tucumán, por otra,
para conformar dos provincias y ahorrar gastos administrativos, no son
iniciativas de austeridad para acotar el gasto político.
"Hay que descubrir
en ello la punta de un iceberg perverso que reconoce otros antecedentes", señaló
Schiavoni y citó a un renombrado geoestratega árabe, quien en un programa de
TVE, de España, denunció que "ya circulan en oficinas estatales de los Estados
Unidos mapas del Brasil, donde no figuran ni su parte de la Amazonia ni las
ricas y fértiles tierras del Pantanal". En cuanto a Argentina, el ex legislador
advierte tajantemente que, uniendo todas las partes, ese proyecto de
regionalización no es otra cosa que un intento "obsceno" de desmembrar el país y
destruir su identidad. Y Explica: "Si esas regiones alcanzaran autonomía
administrativa podría darse el caso de que renegociaran unilateralmente sus
respectivas cuotas de la deuda externa, concesionando servicios públicos
esenciales a compañías extranjeras, entregando territorio a empresas vicarias
del imperio y liquidando su patrimonio, sin participación alguna de la nación
Argentina.
"En ese dibujo arbitrario y diseñado por la extranjería y sus
socios locales, figura desde hace varios años la intención de anexar Santiago
del Estero a San Luis y Córdoba, desmembrando el noroeste argentino", concluye
el ex legislador.
Los dirigentes del Sindicato Unificado de los Trabajadores
de la Educación Fueguina advierten que un signo de las "malas intenciones de los
norteamericanos" es el decreto firmado en 2001 por Carlos Manfredotti,
gobernador de Tierra de Fuego, la provincia más austral de Argentina, para ceder
tierras en el centro de la región para la instalación de una base estadounidense
que realizará "estudios nucleares con fines pacíficos". El sindicato asegura
que, posteriormente, los estadounidenses establecerán instalaciones de misiles
en esa base, "como una cabeza de playa para controlar la región". La estrategia
estadounidense estaría vinculada a la creación del Area de Libre Comercio de las
Américas (ALCA) y "el desmembramiento del país".
Quienes advierten de esta
"jugada" de Washington alertan que las intenciones van más allá de una división
territorial. Heinz Dieterich, periodista experto en geopolítica, señala en un
artículo publicado en el diario digital Unilatina 21 que el objetivo, en el
mediano y largo plazo, de esa política de Washington es "garantizar Estados
sumisos y controlables en la región". La estrategia contempla, en el corto
plazo, "asegurar el fracaso del Mercosur, impedir el triunfo del Partido de los
Trabajadores en Brasil, derrocar a Hugo Chávez en Venezuela, ampliar el Plan
Colombia a los países vecinos e imponer el ALCA", asegura Dieterich.
Ante
señalamientos como el de este periodista de izquierda, la derecha reacciona con
escepticismo y considera que hablar de imperialismo en estos tiempos suena
anticuado y es un delirio más que un análisis serio.
Sin embargo, la abierta
intervención de las representaciones diplomáticas de Estados Unidos en la crisis
que derivó en el efímero golpe contra Chávez, en la promoción del componente
militar del Plan Colombia en los países del Cono Sur y en los recientes comicios
presidenciales de Bolivia -donde el embajador llamó abiertamente a la población
a no votar por el candidato cocalero Evo Morales-, así como las presiones en el
mercado bursátil de Brasil ante el avance electoral de Lula, el candidato más
fuerte de la izquierda, no parecen coincidencias inofensivas.
Que el diario
más influyente de Estados Unidos plantee el tema de la secesión en la Patagonia
sin que exista un verdadero debate en la región, también da que pensar.
Fuente:
Proyecto Emancipación
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