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LA INEPTITUD DE LAS BESTIAS

 
Cuando un periodista sale detrás  de una información, sea cual fuere esta, lo que menos desea es convertirse en parte de ella.
Pido disculpas por escribir en primera persona ya que no es mi costumbre hacerlo y se que no es muy periodístico hacerlo, pero deseo contar lo que me sucedió.
El sábado 26 de octubre de 2002 a eso de las tres de la tarde, la noticia era que militantes de Greenpeace (unos 30) habían sido detenidos por fuerzas policiales y llevados a las dependencias de la comisaría 6º, sita en Venezuela 1930, o sea, a pocas cuadras del Congreso nacional. Digo esto para destacar que los hechos no suceden en un pueblito perdido en las pampas argentinas o en alguna isla de la mesopotámica sino en pleno centro de la capital federal del país.
La primera noticia sobre estos hechos la recibí en plena asamblea barrial y, como es obvio, salí presuroso a buscar el grabador y me dirigí hasta el lugar.
La situación con la que me encontré en ese momento era de tensa calma ya que,  a diferencia de lo que me habían dicho, todavía no se había liberado a nadie. Los detenidos eran unos 36 militantes de Greenpeace y dos personas de los cuales uno era un asambleísta de Ayacucho y Rivadavia y otro solo un peatón que pasaba por la zona.
Realice una serie de notas con asambleístas, miembros de Greenpeace, diputados, abogados, etc. Pero también logre tomar una declaraciones del comisario de la 6º.
Hasta ahí las amenazas de la policía se sucedían entre váyanse a la esquina, los vamos a reprimir, súbanse a la vereda, no vamos a soltar a nadie y otras. La infantería se bajaba  de los micros, se subía a os micros, caminaba hacia os manifestantes, se retiraba, se formaba, cambiaba de posiciones  pero no pasaba de eso mientras la gente estaba sentada en el asfalto. En un determinado momento y casi sin darnos cuenta, se formaron dos líneas de infantería dejando encerrados a muchos asambleístas y a mi entre ellos. Muchos corrieron y pudieron escapar, yo no corrí, no tenia porque hacerlo, estaba trabajando y nadie tenia por que hacerme nada. ¡error! A nadie le importo que estaba haciendo yo en medio de una movilización, solo se que en un momento prendí el grabador para preguntarle a un oficial que estaba sucediendo y me encontré con una trompada en la quijada que me dejo la mandíbula doliendo hasta ahora, caí al piso, (eso se puede ver en las imágenes de los canales e televisión) cuando me levante alguien me tomo del brazo y otro de los pelos y me arrastraron a patadas hacia adentro de la comisaría en donde me tiraron en el piso de un patio, junto con otras personas que allí estaban.
A los pocos minutos trajeron a varios mas de la misma forma "amable" que me habían traído a mi y los tiraban en el piso, recuerdo que a uno de ellos lo traían pegándole patadas en los tobillos con lo cual no podía tocar el piso en su recorrido. Por ultimo nos aterrorizamos cuando trajeron a una persona entre cuatro, que le faltaba una pierna y tenia puesta una ortopédica, a este le pegaron mas que a ninguno, no se si seria por su condición de minusválido físicamente  o por que otra causa, solo se que los gritos aterrorizaban, le habían roto toda la ropa y solo dejaron de pegarle cuando advirtieron que no era rengo, sino que le faltaba la pierna.
Durante las horas que pasaron, en principio en el patio, nos insultaban y amenazaban constantemente, luego nos pasaron a un calabozo de seguridad totalmente oscuro y sin posibilidades de tomar agua, algo que pedimos  varias veces. Es de destacar que antes de pasarnos al calabozo nos sacaron todas las pertenencias tal cual delincuentes peligrosos.
La gente de Greenpeace se encontraba en el calabozo común, (el de la gente no peligrosa) y desde nuestras rejas les pedimos  que no nos abandonaran y que cuando salieran no se fueran ya que nosotros estábamos presos por defenderlos a ellos.
Lamentablemente la gente de Greenpeace apenas quedo en libertad se fue del lugar dejándonos a la buena de Dios.
Mas allá de este infortunio nosotros sabíamos que las asambleas no nos iban a abandonar, a pesar de que en un momento advertimos que había empezado a llover y ahí temimos que la gente pudiera retirarse, algo que no sucedió.
Durante todo el tiempo que estuvimos en el calabozo no solo no se nos permitió tomar agua sino que no se nos dejo llamar a nadie ni nos dijeron por que estábamos detenidos pero por sobre todo, la violencia psicológica a la que nos sometieron era terrible, a cada rato elegían alguno de nosotros al azar y se lo llevaban sin decir nada. Esto producía una gran angustia entre los que quedamos en el calabazo y en el que era llevado.
Nos revisaban, nos volvían a revisar, venia alguien que decía ser medico pero ninguno de nosotros creíamos que ese individuo con cara de cabo reprimido pudiera ser medico, sobre todo por su lenguaje.
Ahora se que  mientras eso sucedía la policía seguía reprimiendo, lo que provocaba mas violencia y mas descontrol, las balas de goma, los gases, los palos, las corridas, todo por una protesta  que no hubiera pasado  de eso  sino fuera por que la policía no supo que hacer cuando no tenia nada que hacer y siguieron en esa línea hasta que alguien les debe haber dicho "muchachos, paren la mano que  se nos viene una guerra civil".
La cuestión es que cerca de las 22 (suponemos ya que no teníamos relojes) empezaron a hacernos firmar papeles de todos colores y en un momento cambiaron sus caras de perro con hidrofobia y se transformaron en unas hermosas Heidi, segundos después nos daríamos cuenta el porque del cambio. La diputada Vilma Ripoll se hacia presente en los calabozos de la comisaría para saber en que condiciones nos encontrábamos, junto con Ripoll aparecieron tazas de café, agua y casi nos ofrecen una cena.
Pocos minutos después nos hacían firmar una lectura de derechos, que jamás nos leyeron y una acusación de resistencia a la autoridad y destrucción de la propiedad que tampoco existió.
Ya en la sala de guardia vimos una multitud de abogados y dirigentes políticos de la izquierda mas algunos familiares y asambleístas que gritaban por nuestra libertad.
A punto ya de salir nos entregan nuestras pertenencias, menos las  banderas de las asambleas, suponemos que se las quedaban como trofeo de guerra al mejor estilo de las patotas de la cancha.
No se si esta nota será reveladora de algo, solo se que así como yo, sin pretender serlo, me he convertido en una especie de terrorista peligroso y con antecedentes de una violencia que no tengo ni genere, muchos otros ciudadanos estamos siendo criminalizados por el sistema a través de su brazo armado, la policía.
Luis C. Gras  (periodista peligroso)
 

Las notas firmadas no reflejan la opinión de la red ECO Alternativo sino de los autores.
 
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