Por Carmen Moreno (Prensa Latina)
Buena parte del
pueblo norteamericano piensa hoy lo mismo que Saddam Hussein: con la resolución
1441 de la ONU comenzó el conteo que dará finalmente la orden de ataque a los
misiles de última generación que Washington quiere estrenar en Iraq.
Paradoja
o no, lo cierto es que 84 por ciento de los residentes en Estados Unidos
respondieron a un sondeo divulgado por la CNN que la medida aprobada este
viernes en Nueva York no va a evitar en lo absoluto una guerra.
La tercera y última propuesta de Washington al Consejo de Seguridad tuvo
que prescindir de términos como "uso de la fuerza", que tanto rechazo provocaban
en la mayoría de las naciones con derecho a veto en el órgano mundial.
Sin
embargo, inmediatamente después de su aprobación, el presidente de Estados
Unidos, George W. Bush, se dirigió a la prensa para advertir que Bagdad "debe
cooperar rápidamente de manera incondicional o enfrentará las consecuencias más
severas".
"Cada violación de Iraq se debe considerar gravísima", sentenció en
otra parte de su discurso.
El texto impone un plazo de menos de 30 días
para que la nación árabe formule una declaración completa del arsenal nuclear,
biológico o químico que pueda tener, y marca el 23 de diciembre para el inicio
de las inspecciones.
Todo parece ahora quedar en manos de los inspectores de
armas, que en los últimos tiempos han sido invitados de honor de la Casa Blanca
con sospechosa frecuencia.
Hace sólo nueve días, el jefe de los expertos en
armas, Hans Blix, y el director general de la Agencia Internacional de Energía
Atómica, Mohamed El Baradei, se reunieron con la alta cúpula
estadounidense "para discutir la manera de hacer eficaces los controles en Iraq"
a la manera que lo hacen los socios.
En ese encuentro, Blix explicó a Bush,
al vicepresidente Richard Cheney y a la asesora de Seguridad Nacional,
Condoleezza Rice, acerca del estado de las negociaciones en una gira por
Francia, Reino Unido, China y otros países euroasiáticos.
Seguidamente, en el
seno del Consejo de Seguridad, Blix expresó "su convicción" de que la resolución
de la ONU "debía tener en cuenta las consecuencias que implicaría para Bagdad
entorpecer los controles".
De ahí las continuas observaciones de la prensa
árabe acerca de que los vínculos de los expertos en armamento y el presidente
George W. Bush podrían concluir en un complot que obstaculice los
controles.
En 1998, Iraq expulsó a inspectores en desarme por espiar
para la Casa Blanca.
Scott Ritter, ex marine de la Guerra del Golfo y durante
siete años uno de los más agresivos jefes de equipo de inspectores, reconoció
-tras dimitir de su cargo- que el desarme estratégico de Bagdad podría cifrarse
en un 90-95 por ciento.
Más adelante, y tomando como referencia el bloqueo a
que ha sido sometido el país árabe y los continuos bombardeos de la coalición
británico-estadounidense, el experto opinó que era imposible que Iraq recuperara
sus posibilidades armamentistas.
Estados Unidos no permitirá jamás que los
inspectores trabajen sin problemas ni les dará la oportunidad de que revelen al
mundo las falsedades que han creado en relación con las armas no convencionales,
opina por su parte el gobierno iraquí.
La influencia que ejerce Bush sobre
los verificadores quedó claro para Bagdad, luego del acuerdo alcanzado en Viena
a principios de octubre pasado para el inicio de las inspecciones.
En la
capital austriaca, la delegación de Blix y los representantes iraquíes
decidieron comenzar las verificaciones sobre la capacidad armamentista del país
árabe el siguiente día 15.
Sin embargo, la oposición de la Casa Blanca a ese
acuerdo bastó para que fuera anulado. En esa ocasión, la exclusión de los
palacios presidenciales de Iraq entre los sitios a visitar fue el
pretexto.
Blix -que había dejado fuera de revisión los complejos
residenciales- repitió después de un encuentro con Bush que sí tenían que
abrirse, pues no constituían "santuarios que haya que respetar".
Mientras
tanto, analistas políticos del conflicto llaman la atención sobre la insistencia
del republicano para que un equipo de norteamericanos acompañe a los
controladores de armamento en su recorrido por Iraq.
Para los iraquíes, uno
de los propósitos de Estados Unidos es acorralar al presidente Hussein, elegido
en un reciente referéndum para gobernar la nación por siete años más.
En ese
sentido, el diario The Washington Post ha advertido que las compañías petroleras
estadounidenses se beneficiarían de un cambio de gobierno en Iraq porque podrían
acceder a sus 112 mil millones de barriles de crudo, las mayores reservas del
mundo después de Arabia Saudita.
Saddam Hussein considera que el destino de
la estrategia norteamericana está motivada por el deseo de hacerse con el
control del rico mercado en todo el Golfo Pérsico.