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11 de noviembre de 2002
 
FABRICAR UN PRETEXTO


Por Carmen Moreno (Prensa Latina)
 
Buena parte del pueblo norteamericano piensa hoy lo mismo que Saddam Hussein: con la resolución 1441 de la ONU comenzó el conteo que dará finalmente la orden de ataque a los misiles de última generación que Washington quiere estrenar en Iraq.
Paradoja o no, lo cierto es que 84 por ciento de los residentes en Estados Unidos respondieron a un sondeo divulgado por la CNN que la medida aprobada este viernes en Nueva York no va a evitar en lo absoluto una guerra.
La tercera y última propuesta de Washington al Consejo de Seguridad tuvo que prescindir de términos como "uso de la fuerza", que tanto rechazo provocaban en la mayoría de las naciones con derecho a veto en el órgano mundial.
Sin embargo, inmediatamente después de su aprobación, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, se dirigió a la prensa para advertir que Bagdad "debe cooperar rápidamente de manera incondicional o enfrentará las consecuencias más severas".
"Cada violación de Iraq se debe considerar gravísima", sentenció en otra parte de su discurso.
 El texto impone un plazo de menos de 30 días para que la nación árabe formule una declaración completa del arsenal nuclear, biológico o químico que pueda tener, y marca el 23 de diciembre para el inicio de las inspecciones.
Todo parece ahora quedar en manos de los inspectores de armas, que en los últimos tiempos han sido invitados de honor de la Casa Blanca con sospechosa frecuencia.
Hace sólo nueve días, el jefe de los expertos en armas, Hans Blix, y el director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica,  Mohamed El Baradei, se reunieron con la alta cúpula estadounidense "para discutir la manera de hacer eficaces los controles en Iraq" a la manera que lo hacen los socios.
En ese encuentro, Blix explicó a Bush, al vicepresidente Richard Cheney y a la asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, acerca del estado de las negociaciones en una gira por Francia, Reino Unido, China y otros países euroasiáticos.
Seguidamente, en el seno del Consejo de Seguridad, Blix expresó "su convicción" de que la resolución de la ONU "debía tener en cuenta las consecuencias que implicaría para Bagdad entorpecer los controles".
De ahí las continuas observaciones de la prensa árabe acerca de que los vínculos de los expertos en armamento y el presidente George W. Bush podrían concluir en un complot que obstaculice los controles. 
En 1998, Iraq expulsó a inspectores en desarme por espiar para la Casa Blanca.
Scott Ritter, ex marine de la Guerra del Golfo y durante siete años uno de los más agresivos jefes de equipo de inspectores, reconoció -tras dimitir de su cargo- que el desarme estratégico de Bagdad podría cifrarse en un 90-95 por ciento.
Más adelante, y tomando como referencia el bloqueo a que ha sido sometido el país árabe y los continuos bombardeos de la coalición británico-estadounidense, el experto opinó que era imposible que Iraq recuperara sus posibilidades armamentistas.
Estados Unidos no permitirá jamás que los inspectores trabajen sin problemas ni les dará la oportunidad de que revelen al mundo las falsedades que han creado en relación con las armas no convencionales, opina por su parte el gobierno iraquí.
La influencia que ejerce Bush sobre los verificadores quedó claro para Bagdad, luego del acuerdo alcanzado en Viena a principios de octubre pasado para el inicio de las inspecciones.
En la capital austriaca, la delegación de Blix y los representantes iraquíes decidieron comenzar las verificaciones sobre la capacidad armamentista del país árabe el siguiente día 15.
Sin embargo, la oposición de la Casa Blanca a ese acuerdo bastó para que fuera anulado. En esa ocasión, la exclusión de los palacios presidenciales de Iraq entre los sitios a visitar fue el pretexto.
Blix -que había dejado fuera de revisión los complejos residenciales- repitió después de un encuentro con Bush que sí tenían que abrirse, pues no constituían "santuarios que haya que respetar".
Mientras tanto, analistas políticos del conflicto llaman la atención sobre la insistencia del republicano para que un equipo de norteamericanos acompañe a los controladores de armamento en su recorrido por Iraq.
Para los iraquíes, uno de los propósitos de Estados Unidos es acorralar al presidente Hussein, elegido en un reciente referéndum para gobernar la nación por siete años más.
En ese sentido, el diario The Washington Post ha advertido que las compañías petroleras estadounidenses se beneficiarían de un cambio de gobierno en Iraq porque podrían acceder a sus 112 mil millones de barriles de crudo, las mayores reservas del mundo después de Arabia Saudita.
Saddam Hussein considera que el destino de la estrategia norteamericana está motivada por el deseo de hacerse con el control del rico mercado en todo el Golfo Pérsico.
 

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