Por Guillermo Cabrera Álvarez*- ALTERCOM
"El objetivo de los EEUU debe ser mantener a
nuestros vasallos en situación
de dependencia, garantizar su docilidad y la protección de nuestros soldados,
y evitar la unificación de los bárbaros"
(Zbigniew Brzezinski, EEUU)
Cuba se ha negado sin fatiga a ser vasalla del
gobierno de Estados Unidos, y lucha por mantener su independencia, vive
orgullosa de ser indócil, se mantiene unida a sí misma y a toda causa noble en
estos "oscuros rincones del mundo."
Frente al moderno Atila del norte, Cuba utiliza su único recurso, el talento y
la imaginación de sus ciudadanos.
EE.UU. gasta millones para dotar a sus huestes internas escuálidas a pesar
del poderío , de fachadas diversas: disidente, periodista independiente,
luchador por la democracia y los derechos humanos. Proclama el pluripartidismo
mientras se empeña en crear no importa el costo -, uno solo contra Cuba.
Los diversos "camuflajes" no convencen. Verbigracia: El único con
antecedente de colega - y valioso, valga decirlo - fue Raúl Rivero: a él no se
encarcela por su pensamiento. Toda su obra anterior a 1994, juzga y condena cada
palabra que escribe ahora.
Cada vez que redacte traiciones, deberá responderse: "Y, amigos, compañeros
/ llamad al poeta a la hora del combate / reclamadle sus canciones en el momento
duro. / Él cinceló en las sombras violentas palabras para el enemigo / preparó
emboscadas, trampas para el pasado / tiene los adjetivos afilados para los
traidores / nunca se va."
Desertó de sí mismo. El ron. Lo recuerdo vomitado e inconsciente, tirado como
una alfombra a la puerta de la UNEAC o de Casa de las Américas. Ya no escribe
desde el corazón, sino desde el bolsillo y ése, lo condena. En Cuba no existen
presos de pensamiento. Las ideas no se persiguen. La Revolución es fuente
de creatividad. El cubano es un pueblo de once millones de inconformes,
acostumbrado a decir lo que siente.
Estados Unidos aprobó fondos millonarios para ayudar a la "oposición
interna". Cuba aprobó celdas para todo el que acepte dinero de esa
procedencia. A cada acción, una reacción inesperada. El enemigo no debe
adivinar el movimiento de los alfiles.
Una Revolución legítima no se tumba buscándose un padrino ilegítimo. Los
sancionados creyeron tener la inmunidad diplomática de que goza su jefe.
Comparo historia: de Céspedes a Fidel, la independencia se costeó con el
ahorro de los patriotas, y no hubo centavo espurio.
Cuando el golpe de estado del 10 de marzo de 1952, ningún cubano reyoyo pidió
ayuda diplomática. Ante todo, la denuncia legal ante el Tribunal Supremo. Nadie
sanciona al dictador y se decide la lucha armada.
Comparo recursos: El humilde mimeógrafo donde se editó de manera clandestina
"El Acusador" y "Son los mismos". Ni un quilo vino del
exterior para aquellos disidentes. Ahora, libros de contenido anexionista,
editados en Coral Gable, Florida, bien encuadernados. Entran campantes en la
valija diplomática para ser desafiantemente distribuidos.
Con los asesinados del Moncada y del Granma no hubo ni el sonrojo de los
defensores de los derechos humanos. Ahora, cuando no se tortura ni se asesina a
mansalva, sino simplemente se juzga según ley, se clama justicia. No utilizaré
muchas palabras para contrastar la forma en que se mantuvo Radio Rebelde, allá
en las profundidades de Sierra Maestra, con las costosísimas emisoras radial y
televisiva emitidas desde Estados Unidos contra Cuba. Pudor, señores.
Vale comparar desembarcos. Tanto Martí como Fidel llegaron a costas orientales,
sin amparo de nadie. Cinco con Martí, ochenta y dos con Fidel. Un bote; un
yate. El arma de Martí, un revólver; la de Fidel, un fusil de mira telescópica.
Ganaron.
En este mismo abril recuerde la expedición liberadora con barcos super
equipados, protección aérea, tanques Sherman y más de mil mercenarios bien
pertrechados y entrenados. Se rindieron.
El pueblo costeó su victoria. EE.UU. pagó la derrota de sus mercenarios.
Recuerdo una discusión con uno de los apátridas que ya logró su verdadera
aspiración: irse de Cuba. Le decía: "Chico, ¿y por qué no te alzas en
lugar de meterte en la oficina yanqui?" y él respondía: "Yo no soy
una persona violenta, soy un pacifista." "Ah le dije entonces
quieres ser Mahatma Gandhi" Asintió, y agregué: "Bueno, en ese
caso, primero deja de tomar ron, ayuna, reza mucho, y sobre todo, si pretendes
"liberar" a tu amada "India" no hagas alianzas con el
"imperio británico."
La Revolución cubana no es la que conociera el admirado fabulador José
Saramago que vivió en aquel abril (¡qué casualidad, abril!) de 1974, la
Revolución de los Claveles de Portugal, donde trabajó para el ministerio de
información de aquellos que transformaron los fusiles en búcaros. No, esta
Revolución es de sangre, de lágrimas, de dolor.
Mientras tecleo evoco un Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí (no
recuerdo la fecha), convocado por Prensa Latina. Eduardo Galeano presidía el
jurado, y yo era uno de los miembros. Fidel acudió a un pequeño cóctel de
bienvenida. Charlaban estos dos hombres admirables como buenos amigos que son.
En algún momento de la noche, Galeano le comenta lo mal que atienden en los
restaurantes y le narra una experiencia personal; Fidel, con fina agudeza
responde (no son las palabras exactas): "¿Sabes cuál es la diferencia
entre tú y yo? Tú te preocupas más por la manera en que te sirven el pollo,
mientras mi preocupación principal es que exista el pollo para servir." Y
agregó aproximadamente esto: "¿Te imaginas que llegues, te traten con
toda la cortesía debida, y al final te digan: "solo hay agua?" Saldrías
descontento." Forma y esencia.
Los cubanos, educados en José Martí, estamos contra la pena de muerte. La ley
se aplica en casos excepcionales. Cuando Cuba no tenga la espada del Damócles
yanqui sobre la cabeza pensará en derogarla.
A otros países les resulta más fácil asesinar que juzgar.
Un 19 de abril de 1993 - ¡qué casualidad, otro abril! el FBI masacró a 86
partidarios de la secta Davidson, allá en Waco, Texas, el natal estado de Bush.
Actuaron torpe e irresponsablemente. Diecisiete niños asesinados. No pasó
nada. Ninguna Comisión de Derechos Humanos los condenó. Fue una acción legítima
del Primer Mundo.
Rusia, octubre de 2002. Cincuenta secuestradores allanan un teatro. Las tropas
especiales prueban en vivo un gas paralizante y entran al asalto. Disparan
contra los terroristas ya neutralizados por el gas; perecen, además, 90
rehenes. Las declaraciones del presidente Putin son breves: "No hemos sido
capaces de salvarlos a todos, perdónennos." Nadie condena. El embajador de
EEUU lo felicita por el éxito. Fue una acción legítima del Primer Mundo.
Sigo en abril, pero de 1997. Embajada de Japón en Perú. Setenta y uno de los
72 rehenes salvan la vida. Se fusila a los 14 secuestradores. Los sobrevivientes
oyen voces de hombres que se rinden, y de mujeres que claman: "No me
maten", antes de sonar los disparos. No hubo juicio ni misericordia. Fue
una acción legítima de un hijo adoptivo del Primer Mundo.
Como contraste, las naves cubanas y los pasajeros secuestrados llegan sanos y
salvos a territorio estadounidense porque las autoridades no emplean la
violencia, y prefieren que el criminal escape antes que el inocente perezca. Allá
la metamorfosis kafkiana: el terrorista es héroe. Si la ola de brutalidad la
alienta Estados Unidos, a Cuba le corresponde pararla en seco, sin paños
tibios. El gobierno revolucionario pudo eliminar a los secuestradores siguiendo
la larga tradición de no prisioneros de la cual he dado una pequeña muestra.
Prefiere métodos justos: los neutraliza, detiene, juzga y sanciona según sus
leyes.
Mi país conoce el incalculable valor de la vida humana, porque ha salvado
centenares de miles en este mundo. Para decidir apagar una, una sola, se
desgarra el pueblo noble. Pero ante todo, sobre todo y por encima de todo, hay
que garantizar la seguridad de los inocentes. Aquel que ponga en peligro la vida
de sus ciudadanos, la pagará, aunque claro que duele, y tremendamente.
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*GUILLERMO CABRERA ÁLVAREZ: Director del Instituto Internacional de Periodismo
"José Martí". La Habana.
Las notas firmadas no reflejan la opinión de la
red ECO Alternativo sino de los autores.
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