26 de Marzo de 2003
CAPITALISMO SENIL Y DECADENCIA MILITARISTA DEL
IMPERIO
Por Jorge Beinstein (Economista, director de
la publicación "Enfoques Alternativos", docente de la Universidad
Popular Madres de Plaza de Mayo)
Nos encontramos en medio de una formidable mutación global, su centro es la
decadencia de los Estados Unidos. La guerra parece ser su única estrategia,
aunque en realidad constituye el rostro visible de una embrollada
arquitectura, que integra restos de viejas glorias y fracasos con nuevos
delirios imperiales.
La fuga militarista hacia adelante del gobierno de Bush lo va conduciendo
hacia un callejón sin salida. Si persiste con la escalada bélica, es muy
probable que su aislamiento internacional se acentúe al extremo y que la
crisis económica internacional se profundice. Si desiste de ella, el
retroceso se convertirá en derrota, sucedida por grandes turbulencias
internas. La comparación con Hitler es inmediata.
El Tercer Reich multiplicaba los frentes de guerra precipitándose en una
extensión excesiva (suicida) de sus fuerzas y en consecuencia en un
desastre seguro. Pero no podía dejar de hacerlo porque había perdido el
control de su dinámica militar, resultado del cáncer social que lo
devoraba. Es probable que tampoco pueda hacerlo ahora el Cuarto Reich.
Causas de la guerra
La guerra no solucionará la crisis del Imperio, sino todo lo contrario. Es
por ello que se han multiplicado las consideraciones acerca de este aparente
despropósito. Abundan las referencias a la presión del lobby petrolero, a
la necesidad de tapar la corrupción política y empresaria (efecto Enron),
de anestesiar a su opinión pública afectada por el derrumbe bursátil.
También proliferan las denuncias sobre la búsqueda de legitimación
militar (campaña antiterrorista) del ascenso autoritario local (creación
del superministerio de seguridad interior, aumento del control sobre los
medios de comunicación) (1).
Es necesario ir más allá de la coyuntura para entender lo que está
ocurriendo.
El aparato militar
El primer tema es el del complejo militar-industrial producto de la segunda
guerra mundial y de la guerra fría, que se fue convirtiendo en un factor
esencial de la reproducción del capitalismo norteamericano. Los gastos bélicos
aliviaron sus crisis y constituyeron el centro de sus revoluciones tecnológicas.
En torno a dicho sistema creció una intrincada trama de estructuras científicas,
industriales, burocráticas, políticas, financieras.
La exageración de la amenaza soviética constituyó su legitimación
esencial durante casi medio siglo. Al derrumbarse la URSS numerosos
analistas políticos pronosticaron la extinción gradual del complejo, su
reconversión hacia la producción civil. Pero ello era imposible, la economía
norteamericana acosada por una aguda crisis de sobreproducción no estaba en
condiciones de soportar la desaparición de esa muleta esencial. Habría
significado atacar intereses que ocupaban posiciones decisivas en el sistema
de poder, con suficiente peso propio como para bloquear cualquier tentativa
en su contra. Por consiguiente la expansión continuó después del fin de
la guerra fría. La rigidez estructural de la esfera militar, una de las
causas del fracaso soviético, también opera como catalizador de la
decadencia en el caso norteamericano. Constituye por otra parte el aliado
natural tanto del autoritarismo interno como de los grupos de rapiña
internacional que necesitan a menudo de la coacción armada para controlar
negocios (por ejemplo, el grupo petrolero).
La crisis económica y su rostro financiero
Un segundo aspecto importante es el de la declinación de la economía
norteamericana. La misma fue amortiguada a lo largo de los 90 gracias a la
hipertrofia financiera que absorbía e incrementaba fondos bloqueados en el
área productiva. Ese auge motorizó el consumo (la especulación bursátil
involucra actualmente a mas del 50 % de la población) impulsando altas
tasas de crecimiento del Producto Bruto Interno e incluso permitiendo (al
final del gobierno de Clinton) eliminar el déficit fiscal. La euforia
especulativa redujo a cero los ahorros personales e infló las deudas
familiares, empresarias y estatales.
Eso no podía durar mucho. Hacia el 2000 la burbuja comenzó a desinflarse,
se sucedieron los escándalos financieros y finalmente se desplomó la
bolsa. En
2001 empezó la recesión que se ha instalado para durar mucho tiempo. Los déficits
fiscal y del comercio exterior han llegado a cifras altísimas, el
norteamericano medio estafado por la manipulación bursátil sufre ahora un
efecto pobreza que enfría el consumo ahogando al mercado interno y
achicando los beneficios empresarios. En consecuencia la salida imperialista
se pone a la orden del día. Saquear recursos naturales y mercados en la
periferia, desplazar a los rivales europeos y asiáticos aparecen como
opciones lógicas para los grandes grupos económicos.
El petróleo ocupa un lugar destacado en esta historia aunque sería
demasiado simplista atribuirle todo el mérito. Es cierto que el control de
los yacimientos del Medio Oriente y de la Cuenca del Mar Caspio, permitiría
dominar el grueso de los recursos de petróleo y gas del mundo. Pero Corea
del Norte carece de petróleo, agredirla significa desestabilizar el Extremo
Oriente e impedir que China y sus potenciales socios, en primer lugar Japón,
constituyan un espacio independiente de los Estados Unidos. En ambos casos y
también en el de América Latina aparece la necesidad de controlar mercados
y recursos desplazando a los rivales europeos y asiáticos.
De todos modos la guerra impone a los Estados Unidos efectos económicos
negativos que no podrán ser compensados con algunas victorias bélicas. Los
nuevos gastos militares incrementarán el déficit fiscal y del comercio
exterior, lo que a su vez hará caer el dólar. El peligro de una huida
universal con respecto del dólar crece día a día (2), sus consecuencias
serían catastróficas. Haría subir las tasas de interés en esa moneda
dando un fuerte mazazo recesivo al Imperio y deprimiendo así el comercio
global (Estados Unidos absorbe actualmente cerca del 20 % de las
exportaciones mundiales).
La locura del Poder
El tercer tema es el de la creciente irracionalidad belicista del sistema de
poder en los Estados Unidos. El fenómeno puede ser comprendido insertándolo
en el proceso más amplio de financierización de la economía
norteamericana, que dio un salto decisivo en los 90 produciendo cambios
sustanciales en todos los ámbitos de la vida social. Impregnando,
subordinando, a todos los negocios, incluidas las empresas productoras de
armas. Y se expresó en el predominio del inmediatismo especulativo, la
eliminación de casi todas las reglas de juego, el distanciamiento cultural
entre las elites superiores y la esfera productiva. La corriente arrastró
al estado y sus dirigentes políticos. El Poder quedó prisionero del
gigantismo que le otorgaba la súper concentración financiera, favorecido
por el derrumbe de la URSS que mostró a los Estados Unidos como la única
superpotencia planetaria. Además el colapso soviético dejó al aparato
militar-industrial sin legitimación externa. En ese nuevo contexto el
Imperio utilizó excusas circunstanciales para seguir avanzando, como la
primera Guerra del Golfo y la de Yugoslavia. Pero se trataba de enemigos
insignificantes. La tensión entre la pequeña realidad y la búsqueda
enfermiza de adversarios de gran talla fue generando negadelirios que
empezaron a tomar cuerpo alrededor del 11 de septiembre de
2001.
No debe pensarse que la guerra infinita contra el terrorismo fue un puro
invento del lobby militar y su compadre petrolero, sino la resultante de
necesidades profundas de la cúpula del capitalismo norteamericano,
desbordante de autoritarismo y voluntad de rapiña, más allá de las
conspiraciones mafiosas propias de ese sistema de poder. Frente a ello se
acentuó el proceso de desintegración y degradación la base social que
empezó a ser vista por los de arriba como una suerte de otro mundo,
inferior, muy lejano. El número de presos (dos millones hoy) creciendo
exponencialmente, más de treinta millones de consumidores de drogas, el
aumento de la pobreza, de la precariedad laboral (y ahora la desocupación
abierta) y la fuerte concentración de ingresos; componen el panorama
popular de Estados Unidos.
Dicha realidad facilitó la hegemonía en el sistema de poder de una
subcultura muy abstracta y agresiva, muy (demasiado) por encima del mundo.
La posesión de instrumentos militares sobredimensionados remachó la trampa
psicológica.
De Hitler a Bush
Es necesario volver nuevamente a la Alemania de los años 30 y su nazismo
victorioso, descripto por Hermann Raushning como un nihilismo avasallador
centrado en un Poder autista (3), sin contrapesos reguladores. Donde el éxito
efímero del superaparato totalitario (policial, burocrático, tecnológico,
militar, industrial, propagandístico) generó en la elite dominante la
sensación de su omnipotencia. Pero esa subcultura aparatista-autoritaria,
como señalaba Raushning antes del inicio de la guerra, producida y
expandida por la maquina del poder es tan vacía, artificial e inauténtica
que el gigantesco aparato que la sustenta podría derrumbarse de una día
para otro sin dejar la menor traza (4).
Pero no exageremos con los paralelismos. Existe una especificidad
determinante en el caso norteamericano actual. El aparatismo de tipo
industrial y europeo de Hitler, prisionero de la cultura del maquinismo, se
diferencia del aparatismo con base financiera de Bush, mucho más efímero,
virtual, verdaderamente planetario, veloz. Otorgándole una mayor
flexibilidad pero también una elevada volatilidad. Si la sobre-extensión
estratégica hitleriana condujo a su aplastamiento por una potencia periférica
(la URSS), es probable que la guerra infinita de la hiperpotencia
norteamericana termine con la hiperimplosión del Imperio. Hecho
aparentemente inverosímil si lo sometemos a una evaluación conservadora,
pero probable si lo vemos desde la lógica del proceso en curso.
Sin reemplazo a la vista
Ello lleva al tema de las potencias hegemónicas de reemplazo que podrían
emerger en el futuro. Dos fantasías circulan actualmente. Una es la de la
irrupción de un eje Alemania-Francia-Rusia como alternativa a la declinación
de Estados Unidos. Pero la evaluación de esas tres componentes, nos conduce
a apreciaciones pesimistas. Alemania ha tenido un crecimiento casi igual a
cero en 2002 y su recesión se está agravando en 2003, ya supera los
4.800.000 desocupados, las inversiones caen. La situación de Francia y del
conjunto de la Unión Europea no es mucho mejor.
La otra fantasía es la del ascenso asiático, pero poco puede esperarse de
Japón, con más de una década de estancamiento y ahora entrando en depresión.
En cuanto a China, en el mejor de los casos podrá sustraerse de la recesión
mundial, volcándose hacia adentro, aunque corre el riesgo de sufrir la
crisis de sus sistemas financiero e industrial (este último muy dependiente
del mercado externo) (5).
Ello es así porque la globalización financiera triunfó en los años 90,
nadie escapa hoy de las turbulencias del capitalismo mundializado cuya
declinación opera a través de una infinita red de vasos comunicantes de
negocios y relaciones políticas.
En consecuencia no aparecen (y casi seguramente no aparecerán)
reemplazantes hegemónicos a la vista. Esto confirmaría un escenario futuro
de bifurcación caótica (Wallerstein). Su duración podría ser
relativamente larga y uno de sus desarrollos posibles sería el de la mutación
civilizacional. En ese proceso, durante una primera etapa, podrían
subsistir formas de militarismo imperial mucho más degradadas que la
actual.
Dicha mutación, basada en la decadencia del mundo burgués, podría derivar
en un tránsito, probablemente doloroso, hacia una nueva era de renacimiento
humanista, sin hegemonías importantes, con emergencias significativas de
nuevas formas de convivencia social basadas en la igualdad, la solidaridad,
la recuperación de dinámicas productivas autónomas, todo ello, superando,
situándose más allá de la dinámica parasitaria (irreversible) del
capitalismo. Hechos como el de la movilización planetaria simultánea de
millones de personas el 15 de febrero de 2003 contra la guerra imperial nos
estarían indicando que algo nuevo, esperanzador, está naciendo.
A nivel mundial aparece una realidad escandalosa despreciada por la
literatura neoliberal: el antagonismo entre la presencia de fuerzas
productivas globales (en un sentido amplio del término) saqueadas,
comprimidas, y la persistencia de un capitalismo crecientemente
improductivo, senil. Considero de enorme utilidad el empleo del concepto de
capitalismo senil (6) porque hace referencia inmediata a las historia de las
decadencia de imperios y civilizaciones, de los grandes ciclos, más allá
de la especificidad capitalista. Donde la declinación ha sido siempre
motorizada por metástasis parasitarias irresistibles (7) como lo podría
ser ahora la hipertrofia financiera-mafiosa.
De esa confrontación entre fuerzas productivas desbordantes y relaciones de
producción puede emerger la degradación infinita o formas superiores de
organización social. El socialismo se encuentra entonces a la orden del día,
especialmente en la periferia, donde el desastre es abiertamente
insoportable, muy especialmente en América Latina, donde la marea popular
asciende, se extiende, tropieza, pero vuelve rápidamente al combate, se va
radicalizando. La re-instalación del horizonte socialista constituye una
apuesta contra la barbarie, un esfuerzo de creatividad revolucionaria y de
superación del fracaso soviético, primer ensayo, plagado de torpezas e híbridos,
nacido de una gran crisis capitalista. Pero la crisis presente es
infinitamente mayor, en consecuencia podemos pretender un socialismo mucho más
alejado de los mitos de la civilización burguesa, menos autoritario, más
libertario, menos aparatista, más basista y descentralizado, menos
homogeneizador, más respetuoso de la pluralidad.
Fuentes: (1) Carolyn Baker, Ten reasons why Bush must have his war,
Online Journal, February 27 2003, www.onlinejournal.com)
(2) Michel Aglietta: "Le danger le plus grave est une crise du
dollar" (www.lexpansion.com,
07-03-2003) (3) Hermann Raushning, La révolution du nihilisme, Gallimard,
París, 1980.(4) Ibid. (5) François Godement, Des désequilibres majeurs se
creusent en Chine, (www.lexpansion.com,
08-03-2003). (6) Jorge Beinstein, "Capitalismo senil". Ediciones
Record, Rio de Janeiro, 2001.(7) Salvo por supuesta en los casos de
intervenciones exógenas depredadoras, por ejemplo la conquista europea del
continente americano en el siglo XVI.
Las notas firmadas no reflejan la opinión de la
red ECO Alternativo sino de los autores.
INICIO